Hasta ese día nunca había sentido contracciones. Mis amigas embarazadas me contaban: “se te pone la panza dura” , pero nada por casa. Ya por entonces éramos un grupo de cuatro que nos habíamos conocido haciendo gimnasia (aunque en rigor de verdad “conocidas conocidas” nos habíamos hecho comiendo panqueques con dulce de leche a la salida de esa clase). Por lo general discutíamos, pero sobre todo nos reíamos, de la onda naturista del lugar donde de puta casualidad todas habíamos caído buscando mover el esqueleto para no convertirnos en morsas. Todas deseábamos un parto natural y “libre de drogas”, pero no podíamos dejar de reírnos sin parar, y aún hoy no podemos cuando nuestra profe (divina esa mina) nos llevaba a conectarnos con nuestro bebé en ejercicios de relajación. (a veces se iba de mambo en la dirección y se le ocurría decir cosas como “toquen su corazoncito”. carcajadas generales y el grito de: “tiene mucha sangre me da asco”. A pesar de todas las risas, ya estaba adentro nuestro y muy internalizado, lo que queríamos para nuestro parto.
El sábado 4 de noviembre a la tarde llegaron mis viejos de Rosario. Mi mamá ya se quedaba en casa (faltaban 15 días para la fecha de parto y yo la necesitaba cerca) y mi papá se volvía el domingo a Rosario, esperando el llamado de la nieta ya nacida.
Como yo me sentía re bien, decidimos ir un rato al cumpleaños de mi tía que vive en Floresta. Ahí todo el primaje y tiaje determinó con exactitud científica que mi panza “todavía estaba muy alta” y que sin dudas “me faltaba un montón” (un ojo bárbaro che). Igual, quería creerles, mi obstetra Juan A, me había anunciado promediando la mitad del embarazo que lo habían invitado a Malasia para participar del Congreso Mundial de Obstetricia y Ginecología. Decidí seguir igual con él, porque es lo más y lo amo, pero por las dudas también conocí a su reemplazante esa semana, Agustina, un amor de mina.
A la vuelta del cumple experimenté por primera vez una de esas contracciones. Panza dura, unos minutos, sin dolor.
Ya en casa, a eso de las 12 de la noche comimos unas frutillas, sacamos fotos porque era impresionante como se movía Regina y nos fuimos a acostar. “Al fin sé lo que es una contracción”, pensé. Yo supongo que estaba profundamente dormida cuando el dolor me despertó. Instintivamente le pegué una piña en el pecho a Pablo al grito de “ay esta vez sí que dolió”. Es raro, me siento rara. Pero no puede ser. Juan no está. Regina lo tiene que esperar. Otra contracción.
Como buenos alumnos de clase de preparto empezamos a anotar la regularidad. “che boludo que raro, son cada diez minutos, no puede ser”.
A las 4 de la mañana llamé a la partera. (Marta, la titular, amorosa ella, había sido muy clara al decirnos, primero llaman a mi casa y si no al celular). En la casa no contesta. Celular. Hola Marta?. No, soy Analía, Marta me lo derivó, te voy a atender yo contáme como estás. (la puta madre, no está Juan, no está Marta que me caía tan bien. Bueno, siempre puede ser peor, Analía es piola). Indicaciones: seguí anotando y tomáte una buscapina a ver si es una falsa alarma.
Las contracciones siguen. Duelen pero se soportan. Son fuertes y suben en intensidad. Pero sé que cuando mas me duelen, enseguida bajan. Como si fuera subir una pirámide, quiero llegar al vértice rápido y empezar a bajar. Estoy sorprendida. me la re banco. Pablo me banca. Mis viejos duermen en el living y ni se enteran. Roncan aún.
Esto no para. Y sin embargo sigo pensando que se me van a pasar. Juan, la re concha del congreso mundial y la puta que lo parió. Se hacen más intensas, ahora son cada cinco minutos. Un relojito.
A las 5 de la mañana llamo de vuelta. Van tres horas desde que esto empezó. “Hola Analía?”. “No, Analía me derivó su celular, soy Julieta, yo soy la que está de guardia contáme desde el principio”. El cansancio, el dolor y sobretodo la hora me hacen pensar que esto va a parar. que en unos minutos se me pasan, que estamos frente a una falsa alarma y llega Juan y Marta está toda para mí, y dejan de derivarse el teléfono y Regina nace dentro de dos semanas como debe ser.
Pero no. Cuento todo de nuevo. Mejor dicho, le cuenta Pablo porque yo largo el teléfono para agarrarme de la cama y soportar la que se viene. Me sale patear el piso mientras dura (la vecina de abajo contenta) y repito incansablemente “pasa pasa pasa pasa pasa pasa pasa pasa”. No entiendo como mis viejos siguen durmiendo. Salgo corriendo al baño. Tengo muchas ganas de hacer caca. Viene Pablo. “dice Julieta que te des un baño de inmersión durante 5 minutos y si siguen que la llamemos”. Pero por qué no le decís a Julieta que me deje de romper las pelotas y de una vez rajemos todos para el sanatorio. Pero lo pienso y a la vez quiero quedarme en mi pieza, acurrucada y solos los dos.
Okey. En el lapso que pasa de contracción a contracción, me relajo. No me duele nada. Sigo pensando que no es nada y que se están por pasar. Pablo anota. La regularidad es perfecta. Me doy el baño, salgo, vuelven sin piedad. “Che esto no para”, viene otra.
Pataleo contra el piso, respiro de todas las maneras aprendidas y me grito bajito “pasa pasa pasa pasa pasa pasa pasa pasa”. Estoy concentrada. Pienso que falta lo peor. Que me tengo que bancar este dolor. Me acomodo de diferente maneras cada vez. Pongo en práctica todas las posiciones. Pablo me abraza, me mira, tiene miedo pero no me lo dice. Me reconozco la mejor alumna de la clase. Estoy dilatando sola sin ir al sanatorio, sin Juan, sin Marta, sin Analía, sin nadie. Yo solita. Con Regina y con Pablo. Y creo que no me doy cuenta porque sigo confiada en que “ya se van a pasar”.
Son las seis. Llamo a Julieta y le pregunto por Agustina, la obstetra dulce que reemplaza a Juan y que yo había visto sólo una vez en mi vida. Tiene mi edad. Pienso que eso es bueno, además está embarazada y además es de Bahía Blanca como mi esposo. Buenas señales. Estoy tranquila.
“Yo me encargo de todo. Llamáme si aguantás media hora más y nos encontramos en el sanatorio. No aguanto. A los quince minutos le digo a Pablo: “va a nacer Regina y yo te juro que no lo puedo creer”. Pablo sigue anotando. Mete un par de cosas en una mochila. El bolso está preparado desde hace tiempo pero yo le digo que no: no lo llevemos, insisto en que me van a mandar de vuelta.
A esta altura con tanto ir y venir al baño, mi mamá sospecha que algo pasa, pero es tan respetuosa, tan mi madre, que ni se asoma. Mi papá ronca. Sin audífono puesto no se entera de nada.
“A las 7 en la guardia del Mater”. Pedimos un taxi. Mi papá salta de la cama. Qué pasa,qué pasa? (a esto le llamamos en mi casa tener orto. el tipo vino por 24 horas y se está por ligar el nacimiento de su segunda nieta).
Llego al sanatorio. Al ratito llega Julieta, impecablemente vestida y pintada. Me cuenta que nunca se acostó, que venía de un festejo familiar. Me cae bien a pesar de recordar las palabras de Juan: “te gustaron las chicas del curso?, sí todas divinas. “sí son muy contenedoras, salvo una que es más sequita, Julieta, pero esa quedáte tranquila que no te va a tocar”: Okey Juan, seguí en Kuala Lumpur que yo vengo fenómena la puta madre que te re parió.
Julieta me hace tacto. Me pregunta si traje el bolso. “No, seguro me mandás a casa”. No mi amor, tenés ocho de dilatación, va a nacer en un ratito. Justo que en la otra sala hay una de las enfermeras de acá que está por parir. Voy a ver si consigo a alguien porque están todos con ella, me dice impunemente la desgraciada.
Stop. No está Juan. No vino Marta porque es domingo, Analía derivó su celular a Julieta, la más sequita que no me iba a tocar y encima de todo a una enfermera del Mater se le ocurre parir el mismo día y andan todas sus amigas enfermeritas enloquecidas.
Nada me importa. Ya no escucho. Trato de concentrarme. Las contracciones nunca paran. Me duele. Me la banco. Me hago fuerte. Pablo me da la mano, está llorando. Me saca una foto con su celular. Yo me río y hago la V de la victoria. Regina is coming baby, me dice, e inmortaliza ese momento donde parezco un elefante preñado.
Me hacen preguntas, Pablo hace papelerío. Llama a mis padres, una enfermera adolescente (debe ser nuevita y no amiga de la otra conchuda) me trata como si fuera su hermana. Su voz es tan cálida, me acaricia la mano. Me empiezo a sentir mejor. Julieta vuelve cambiada, me dice que Agustina está en camino “viene de Pilar”. No way, a esta hora tiene que llegar bien por Panamericana, pienso. Ya estoy entregada, no puedo putear más. Una sensación de paz empieza a llegar a mi cuerpo. Lloro un poco. No lo puedo creer. Voy a ser mamá. Y me la re banco loco.
Me llevan a la sala de parto, aparece un anestesista alto, me parece que es gay. Me cuenta que anoche tuvo el cumple de su sobrino, charla con Julieta de lo que hicieron anoche, me hacen reir, yo maldigo a las enfermeras que están con la otra, aunque cada tanto aparecen y me cargan por inoportuna. De repente hay muchas mujeres en la sala, pero yo ya no las veo. Miro hacia adentro de mi panza. Sé que está bien, no tengo nada de miedo. Me ponen la peridural (aunque ya tenía diez de dilatación) y el anestesista me abraza. Entra Agustina. Llega Pablo vestido íntegramente de blanco y hace un chiste: “dónde hay que operar?” Nos reímos. Ya estamos todos. Esto parece una joda.
Hago el primer pujo, entre medio todos charlamos como viejos amigos. Pablo me mete la manguerita de oxígeno en la oreja. Está nervioso. Lo cargan. Yo me pongo ansiosa. Quiero que sea rápido. Ahora sí me agarra cagazo de que se quede atrancada. Lo digo y más risas. Segundo pujo. Ya le veo la cabecita, dice Agustina, una más y sale. Lo qué??????? cómo que le ves la cabecita? yo pensé que esto iba a durar más. Quiero verla y a la vez no quiero que se termine este momento. Me duele y sin embargo la estoy pasando bien. Esto es muy raro.
Sé que éste es el último y grito con todas mis fuerzas, lo estiro lo más que puedo, todos me alientan, Pablo larga la manguerita y se asoma a verla, puedo sentir cuando se desliza a través de mi cuerpo y sale, larga y flaca, mi vida, la nuestra.
Me la dan y lloro y me río, me río mucho, fuerte, con lágrimas. La tengo conmigo, la beso, la miro, lo miro y estamos los tres. Y el reloj marca las 9.35. y afuera llueve. Y paso por la sensación mas hermosa que jamás tuve en mi vida. Y soy tan feliz.
El sábado 4 de noviembre a la tarde llegaron mis viejos de Rosario. Mi mamá ya se quedaba en casa (faltaban 15 días para la fecha de parto y yo la necesitaba cerca) y mi papá se volvía el domingo a Rosario, esperando el llamado de la nieta ya nacida.
Como yo me sentía re bien, decidimos ir un rato al cumpleaños de mi tía que vive en Floresta. Ahí todo el primaje y tiaje determinó con exactitud científica que mi panza “todavía estaba muy alta” y que sin dudas “me faltaba un montón” (un ojo bárbaro che). Igual, quería creerles, mi obstetra Juan A, me había anunciado promediando la mitad del embarazo que lo habían invitado a Malasia para participar del Congreso Mundial de Obstetricia y Ginecología. Decidí seguir igual con él, porque es lo más y lo amo, pero por las dudas también conocí a su reemplazante esa semana, Agustina, un amor de mina.
A la vuelta del cumple experimenté por primera vez una de esas contracciones. Panza dura, unos minutos, sin dolor.
Ya en casa, a eso de las 12 de la noche comimos unas frutillas, sacamos fotos porque era impresionante como se movía Regina y nos fuimos a acostar. “Al fin sé lo que es una contracción”, pensé. Yo supongo que estaba profundamente dormida cuando el dolor me despertó. Instintivamente le pegué una piña en el pecho a Pablo al grito de “ay esta vez sí que dolió”. Es raro, me siento rara. Pero no puede ser. Juan no está. Regina lo tiene que esperar. Otra contracción.
Como buenos alumnos de clase de preparto empezamos a anotar la regularidad. “che boludo que raro, son cada diez minutos, no puede ser”.
A las 4 de la mañana llamé a la partera. (Marta, la titular, amorosa ella, había sido muy clara al decirnos, primero llaman a mi casa y si no al celular). En la casa no contesta. Celular. Hola Marta?. No, soy Analía, Marta me lo derivó, te voy a atender yo contáme como estás. (la puta madre, no está Juan, no está Marta que me caía tan bien. Bueno, siempre puede ser peor, Analía es piola). Indicaciones: seguí anotando y tomáte una buscapina a ver si es una falsa alarma.
Las contracciones siguen. Duelen pero se soportan. Son fuertes y suben en intensidad. Pero sé que cuando mas me duelen, enseguida bajan. Como si fuera subir una pirámide, quiero llegar al vértice rápido y empezar a bajar. Estoy sorprendida. me la re banco. Pablo me banca. Mis viejos duermen en el living y ni se enteran. Roncan aún.
Esto no para. Y sin embargo sigo pensando que se me van a pasar. Juan, la re concha del congreso mundial y la puta que lo parió. Se hacen más intensas, ahora son cada cinco minutos. Un relojito.
A las 5 de la mañana llamo de vuelta. Van tres horas desde que esto empezó. “Hola Analía?”. “No, Analía me derivó su celular, soy Julieta, yo soy la que está de guardia contáme desde el principio”. El cansancio, el dolor y sobretodo la hora me hacen pensar que esto va a parar. que en unos minutos se me pasan, que estamos frente a una falsa alarma y llega Juan y Marta está toda para mí, y dejan de derivarse el teléfono y Regina nace dentro de dos semanas como debe ser.
Pero no. Cuento todo de nuevo. Mejor dicho, le cuenta Pablo porque yo largo el teléfono para agarrarme de la cama y soportar la que se viene. Me sale patear el piso mientras dura (la vecina de abajo contenta) y repito incansablemente “pasa pasa pasa pasa pasa pasa pasa pasa”. No entiendo como mis viejos siguen durmiendo. Salgo corriendo al baño. Tengo muchas ganas de hacer caca. Viene Pablo. “dice Julieta que te des un baño de inmersión durante 5 minutos y si siguen que la llamemos”. Pero por qué no le decís a Julieta que me deje de romper las pelotas y de una vez rajemos todos para el sanatorio. Pero lo pienso y a la vez quiero quedarme en mi pieza, acurrucada y solos los dos.
Okey. En el lapso que pasa de contracción a contracción, me relajo. No me duele nada. Sigo pensando que no es nada y que se están por pasar. Pablo anota. La regularidad es perfecta. Me doy el baño, salgo, vuelven sin piedad. “Che esto no para”, viene otra.
Pataleo contra el piso, respiro de todas las maneras aprendidas y me grito bajito “pasa pasa pasa pasa pasa pasa pasa pasa”. Estoy concentrada. Pienso que falta lo peor. Que me tengo que bancar este dolor. Me acomodo de diferente maneras cada vez. Pongo en práctica todas las posiciones. Pablo me abraza, me mira, tiene miedo pero no me lo dice. Me reconozco la mejor alumna de la clase. Estoy dilatando sola sin ir al sanatorio, sin Juan, sin Marta, sin Analía, sin nadie. Yo solita. Con Regina y con Pablo. Y creo que no me doy cuenta porque sigo confiada en que “ya se van a pasar”.
Son las seis. Llamo a Julieta y le pregunto por Agustina, la obstetra dulce que reemplaza a Juan y que yo había visto sólo una vez en mi vida. Tiene mi edad. Pienso que eso es bueno, además está embarazada y además es de Bahía Blanca como mi esposo. Buenas señales. Estoy tranquila.
“Yo me encargo de todo. Llamáme si aguantás media hora más y nos encontramos en el sanatorio. No aguanto. A los quince minutos le digo a Pablo: “va a nacer Regina y yo te juro que no lo puedo creer”. Pablo sigue anotando. Mete un par de cosas en una mochila. El bolso está preparado desde hace tiempo pero yo le digo que no: no lo llevemos, insisto en que me van a mandar de vuelta.
A esta altura con tanto ir y venir al baño, mi mamá sospecha que algo pasa, pero es tan respetuosa, tan mi madre, que ni se asoma. Mi papá ronca. Sin audífono puesto no se entera de nada.
“A las 7 en la guardia del Mater”. Pedimos un taxi. Mi papá salta de la cama. Qué pasa,qué pasa? (a esto le llamamos en mi casa tener orto. el tipo vino por 24 horas y se está por ligar el nacimiento de su segunda nieta).
Llego al sanatorio. Al ratito llega Julieta, impecablemente vestida y pintada. Me cuenta que nunca se acostó, que venía de un festejo familiar. Me cae bien a pesar de recordar las palabras de Juan: “te gustaron las chicas del curso?, sí todas divinas. “sí son muy contenedoras, salvo una que es más sequita, Julieta, pero esa quedáte tranquila que no te va a tocar”: Okey Juan, seguí en Kuala Lumpur que yo vengo fenómena la puta madre que te re parió.
Julieta me hace tacto. Me pregunta si traje el bolso. “No, seguro me mandás a casa”. No mi amor, tenés ocho de dilatación, va a nacer en un ratito. Justo que en la otra sala hay una de las enfermeras de acá que está por parir. Voy a ver si consigo a alguien porque están todos con ella, me dice impunemente la desgraciada.
Stop. No está Juan. No vino Marta porque es domingo, Analía derivó su celular a Julieta, la más sequita que no me iba a tocar y encima de todo a una enfermera del Mater se le ocurre parir el mismo día y andan todas sus amigas enfermeritas enloquecidas.
Nada me importa. Ya no escucho. Trato de concentrarme. Las contracciones nunca paran. Me duele. Me la banco. Me hago fuerte. Pablo me da la mano, está llorando. Me saca una foto con su celular. Yo me río y hago la V de la victoria. Regina is coming baby, me dice, e inmortaliza ese momento donde parezco un elefante preñado.
Me hacen preguntas, Pablo hace papelerío. Llama a mis padres, una enfermera adolescente (debe ser nuevita y no amiga de la otra conchuda) me trata como si fuera su hermana. Su voz es tan cálida, me acaricia la mano. Me empiezo a sentir mejor. Julieta vuelve cambiada, me dice que Agustina está en camino “viene de Pilar”. No way, a esta hora tiene que llegar bien por Panamericana, pienso. Ya estoy entregada, no puedo putear más. Una sensación de paz empieza a llegar a mi cuerpo. Lloro un poco. No lo puedo creer. Voy a ser mamá. Y me la re banco loco.
Me llevan a la sala de parto, aparece un anestesista alto, me parece que es gay. Me cuenta que anoche tuvo el cumple de su sobrino, charla con Julieta de lo que hicieron anoche, me hacen reir, yo maldigo a las enfermeras que están con la otra, aunque cada tanto aparecen y me cargan por inoportuna. De repente hay muchas mujeres en la sala, pero yo ya no las veo. Miro hacia adentro de mi panza. Sé que está bien, no tengo nada de miedo. Me ponen la peridural (aunque ya tenía diez de dilatación) y el anestesista me abraza. Entra Agustina. Llega Pablo vestido íntegramente de blanco y hace un chiste: “dónde hay que operar?” Nos reímos. Ya estamos todos. Esto parece una joda.
Hago el primer pujo, entre medio todos charlamos como viejos amigos. Pablo me mete la manguerita de oxígeno en la oreja. Está nervioso. Lo cargan. Yo me pongo ansiosa. Quiero que sea rápido. Ahora sí me agarra cagazo de que se quede atrancada. Lo digo y más risas. Segundo pujo. Ya le veo la cabecita, dice Agustina, una más y sale. Lo qué??????? cómo que le ves la cabecita? yo pensé que esto iba a durar más. Quiero verla y a la vez no quiero que se termine este momento. Me duele y sin embargo la estoy pasando bien. Esto es muy raro.
Sé que éste es el último y grito con todas mis fuerzas, lo estiro lo más que puedo, todos me alientan, Pablo larga la manguerita y se asoma a verla, puedo sentir cuando se desliza a través de mi cuerpo y sale, larga y flaca, mi vida, la nuestra.
Me la dan y lloro y me río, me río mucho, fuerte, con lágrimas. La tengo conmigo, la beso, la miro, lo miro y estamos los tres. Y el reloj marca las 9.35. y afuera llueve. Y paso por la sensación mas hermosa que jamás tuve en mi vida. Y soy tan feliz.
(inspirado en este maravilloso relato de Lo)
necesitaba escribirlo porque tenia miedo de olvidármelo. el puerperio a veces te hace olvidar las cosas lindas no?.
ResponderEliminarquedó medio largo, sepan comprender si es que llegan al final.
ayyyyyy nena. tengo todavia la piel de gallina. mas allá de que me hiciste reir mucho, porque todas vivimos cosas en el fondo parecidas, el final el final donde ves a tu bebe es lo mas del mundo!
ResponderEliminarese encuentro, ese primer encuentro es lo mas!
mira creo y te aseguro que no te lo olvidas mas, te lo digo que soy una desmemoriada terrible, y me acuerdo de todo de todo, desde el momento que mi obstetra me dijo: cynthia ya andate a la suizo que el bebe nace ahora si o si.
besos grandes
hola.. hace algun rato que te "leo". llegue aca por medio de algunas otras mamas blogeras y la verdad; aun no siendo mama -aun- me hiciste llorar como una condenada y eso que estoy en este puto laburo!
ResponderEliminarpor dios! la verdad es que me imaginaba la escena y te alegra aun sin conocerte.
Que hermoso momento. Me hiciste llorar y reir.
(ojala el mes que viene no venga mas la colorada por casa!!!!!!!!!!)
un abrazo
DANILA
Me encantó. Un beso.
ResponderEliminarUf, qué lindo, Peri.
ResponderEliminarMe hiciste llorar, men. No hay derecho.
Qué lindo que hayas podido parir así.
Qué genia.
queeeeeeeeeee lindo parto! tambien llore!!!!! sobre todo "mi vida, la nuestra" queeeeeee lindo!!!!!
ResponderEliminarme hiciste acordar algunas cosas al mio de Catalina (si queres fijate despues del 22 de noviembre, en "llego catalina")
Ay Periqueta! Me encantó. Genial que hayas contado el parto con tanto detalle. Parece que fue bárbaro... y hoy todas nos emocionamos.
ResponderEliminarNo vale me hiciste llorar!!!
ResponderEliminarme imagino que debe ser lo mas maravilloso de la vida y contado con tanto amor! Gracias.
Lindo!!!! muy lindo!!! me encantó. Me emocionó, el relato es tan real, tan que podria ser mio o de la de mas alla, que emociona.
ResponderEliminarUn beso enorme para vos y para la bebota bella protagonista
nos tenes lagrimeando a todas!
ResponderEliminarhermoso relato.
un beso enorme.
Me encantó. Tan como somos las minas...fuertes, hipersensibles, irónicas, prácticas y complejas. A tu hija le va a encantar leer esto algún día.
ResponderEliminarSaludos.
aia! yo tambien llore de mi misma que pelotuda y leyendolas a uds.
ResponderEliminargracias por los dulces comentarios a cada una.
igual todo muy lindo TODO MUY TIERNO, pero como dijo loli en su blog:
TUC...
Perica
ResponderEliminarVeo tus comentarios en el blog de Chili y hoy me vine para acà.
Me hiciste moquear lindo, què hermoso còmo escribiste todo!! las sensaciones, la paz, las puteadas...
Besos,
Vero.
gracias tocaya! me voy a dar una vuelta por el tuyo.aguante chili nexo soup.
ResponderEliminargracias laurainha!! tu blog esta copado. estoy leyendo now.
ResponderEliminarPor favor q hermoso relato, me dejaste llorando!!! Me acrode tanto de cuando nacieron mis hijitos......Me encanta el blog!
ResponderEliminarBesos a la gordi q es un SOL y a vos too.
Eri.-
Guau, que hermoso relato, fué tan real, pude imaginarme cada palabra tuya.
ResponderEliminarAcá estoy moqueando, recordando el de mis hijos...
Te leo siempre, primera vez que comento.
Besos
Qué lindo!
ResponderEliminarPreguntaste el por qué de la peri con dilatación completa?
El sistema y sus actos porque sí... Me dan náuseas...
Felicidades!!! Tenés una hija preciosa.
Besossssssssssssss.
P.D.: Si querés ver el relato de mi último parto, te dejo el link http://busquedapermanente.blogspot.com/2006/02/valentino.html#links
eri y ale tenkius!. esta bueno eso que te dispara para el propio parto. me paso idem cuando lei el de Lo. y esta bueno para la posteridad jua.
ResponderEliminarturca: que buena pregunta!. me preguntaron, fui yo la que dije que si en ese momento me tilde. al re contra pedo, imaginate que me hizo efecto cuando ya estaba en la pieza. horrible la sensacion de las piernas dormidas. al re pedo. quizas si hay segundo diga que no. pero nunca digas nunca.
ayer mismo Verte me paso tu link y lei tu parto hermosisisisimo!!! adems me sono todo tan familiar. mi escuelita es Tobi...imaginate. pero bueno, no soy la alumna ejemplar ni mucho menos. je je je.
meemocioné.
ResponderEliminarQué lindo blog, volveré.
Saludos!
Leí esto gracias a los cositos esos que pusiste abajo de los posts. Así que ya te digo que los dejes. Sos grosísima. Y obvio, piel de gallina a full.
ResponderEliminargracais lauri!! sabes que a mi tambien me vino bien esto de los links para leer este varias veces. es que me encanta y em hace acordar a ese dia.
ResponderEliminara la distancia...esta un poco boca sucia!!
peri, yo tambien volvi a leerlo por ese cosito que pusiste que te linkea a posts viejos... que emocion nena, y fue distinto releerlo ahora que regi esta tan grande y tan genial y soy tan su fan.... fue como volver a ver el primer capitulo cuando ya te enamoraste del personaje principal. Todo se resignifica. Grosa Regi que llego cuando se le cantaba sin esperar a nadie! Que actitud, me copa.
ResponderEliminary lo tuyo, increible. me hiciste llorar, otra vez.
besotes.
uralis grazie nena1
ResponderEliminarEncontré tu blog hoy, y llegué a este post... Es maravilloso tu relato! Muy emocionante. Felicitaciones.
ResponderEliminarJulia.
lo lei 20 veces. Hoy, vez número 21, volvi a llorar..
ResponderEliminarLo leí hoy por primera vez y agarro y me olvido de decirle feliz cumple a tu blog, perdón blog.
ResponderEliminarHermosisimo relato y hermsosisimo parto!
ResponderEliminarOtra vez volví a leer el nacimiento de la Kiki y volví a llorar.
ResponderEliminarLa puta que nos parió, che, con el nacimiento de la Kiki...
Abrazo.
no me pareció largo para nada...hermoso
ResponderEliminarHola! te leo hace poquito, me encanta tu blog, y hoy llegué ya ni sé como a este post... Y si voy a decir lo mismo que los demás, lloré... pero mucho, con ruido y mocos, como si tuviese ese llanto contenido, en la punta de la lengua, a flor de piel. No soy mamá aun, pero me ayudó para pensar que cuando el día de mi parto llegue voy a poder, y la voy a RE bancar.
ResponderEliminarGRACIAS POR ESTE POST!
J
guau!!!!los dos sentados en el baño con esas contracciones que regi decia aca estoy....te siento deslizarte por mi cuerpo....estamos los tres....larga y flaca,nuestra vida....
ResponderEliminarperica obvio como no llorar y reir y llorar...gracias te quiero,las quiero
Hermoso...imposible no emocionarse, me ví muy reflejada...qué momento más hermoso, más allá de todas las contrariedades en el camino...Creo que para una mujer no hay momento más felíz en la vida. Gracias por compartirlo.
ResponderEliminarAna
Aunque me toque leerlo años más tarde, me emocionó un montón!!!! Feliz cumple a Regina!!! Besos!
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