a mi no me gusta venir y sentarme cuando estoy así. pero regina se durmió adelante del televisor, así que lo apagué y acá estoy, esperando que llegue mi marido para ver si me saca de éste estado melancólico sutil pálido sueño (oh silvio como te adoré, casi como a ningún otro) en el que me sumergió el humo.
o sea, tengo todos los síntomas del "síndrome del tercer fin de semana". y paso a explicar.
cuando me vine a vivir acá, motivada por un laburo y el deseo de escapar de un ex, y también de ser independiente y dejar la casa (adorable) de mis viejos, no podía evitar ir a rosario "todos" los fines de semana. estaba buenísimo ir a Retiro los viernes, subirme al chevallier, seguramente encontrarme con alguien de rosario, leer el Sí, algún libro, limarme las uñas.
me encantaba el viaje (ahora odio subirme a un bondi). además, llegaba y me estaban esperando doscientos programas.
cuando empecé a estar mas cómoda acá, a tener mi grupo de amigos que fue lo mejor de esta ciudad, ahi espacié los viajes a quince días. y claro, extrañaba muchísimo rosario, eso no cambió, pero la pasaba re bien si me quedaba. club 69, podestá, bares, divididos donde estuvieran, willy crook, domingos de milanesas en un restaurante de pueyrredón y arenales que no me acuerdo el nombre, con todos los exiliados. a la tarde, mate, facturas, siesta y truco en mi depto. yo y 4 amigos varones, grossos, mis hermanos totales. (que obviamente empezaron a curtirse a mis amigas, con lo cual se armó un ida y vuelta interesante en la autopista rosario- buenos aires- rosario, en el cual yo gané claramente porque acá o allá estaba con mi gente, además de un auto siempre disponible para ir y venir.
después apareció el cuqui, el amor de mi vida, que pegó onda con estos vándalos, mucha. al punto de dejarme de lado. (ya las reuniones eran de ellos solos para jugar al poquer). pero esto no fue motivo para dejar de viajar. a él también le gustaba allá, comer asados, la pile, 'Luna", así que los viajes siguieron siendo super regulares. y esta cosa de mis amigas, mis amigos, mucho viaje, mucho intercambio, mucha ruta 9. una época dorada (o mejor verde bue) jua.
la vida dio muchas vueltas, muchos giros, mucho cambio bueno, y muchas cosas tristes. el resultado fue que "todos" se fueron de baires, por diferentes razones. menos nosotros, claro.
al llegar regina, esa necesidad de irme, empezó a ser fisiológica. esto de estar allá se acrecentó. esa necesidad de estar con mi gente, con mis viejos, en su pasto, ahora con los hijos de mis amigas, con mi rio, mi arena, mi barrio.....
ven, acá es donde me doy cuenta que no me gusta meterme en este blog cuando estoy así. me empieza a agarrar esta opresión de mierda, del tercer fin de semana sin ir (culpa del fucking humo) de saberme acá otra semana más.
no me digan "tenés que": aprender a vivir acá donde es tu vida ahora, acá esta tu familia, acá la concha de la lora. yo no quiero estar acá. no quiero , no quiero , no quiero. y ya me voy a ir, yo ya sé que me voy a ir, lo sé de verdad.
(jodéte pelotuda por sentarte en la computadora estando así y escribir estas pelotudeces, jodete con los comentarios, jo-de-te).
puede ser, ahora que lo pienso, que esté sensible porque justo mañana es el cumple de mi vieja, y ademá por esta guachada que me dieron en el jardín de regi. otro golpe bajo. justo hoy. maestras hijas de puta. yo antes leía estas boludeces y pensaba "quién puede escribir semejante cursilería". y ahora lo leo y me emociono como si fuera Onetti.
enseñarás a volar
pero no volarán tu vuelo
enseñarás a soñar
pero no soñarán tu sueño
enseñarás a vivir
pero no vivirán tu vida
pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, piensen, sueñen, canten, vivan...
estará la semilla del camino enseñado y aprendido.
chin chin.