hay dos cosas de mi vieja que me marcaron muchísimo en la vida.
todas las tardes nos iba a buscar a la escuela (aunque después de grandes ya volvíamos solos caminando) y llegábamos a casa y la mesa de la merienda estaba puesta. a principios de mes había melbas y chocolatada Cindor (sólo dos botellas por semana que dejaba el repartidor junto con otras seis de leche en botella de vidrio. a esa le ponías nesquik y se parecía casi en un 90 por cientoa la verdadera), después chocolinas y cerca de fin de mes sólo tostadas. el olor a tostadas al ir llegando lo tengo grabadísimo. creo que mirábamos una hora de dibujitos. la única hora que había de dibujitos y también me acuerdo de ver el chavo, y señorita maestra.
y la otra cosa es que mi viejo llegaba a las seis de la fábrica, y la rutina era parecida. siempre un vaso de vino con soda en un mantelito en la mesada de la cocina y un platito con alguna picadita, tostada con queso, milanesas cortaditas con savora, maní, salcichón con jamón enrolladito, o mortadela. "algo". con guita o sin guita siempre inventaba algo y el platito siempre estaba ahí.
ellos charlaban de las cosas del laburo de mi viejo, media hora calculo y nosotros no podíamos joder ese momento. bah. ni nos interesaba creo.
bueno, eso, que día tras día me encuentro haciendo lo mismo. y cuando no tengo ganas, el rayo del recuerdo me baja fulminante.










