ayer fuimos al control del pediatra y casi nos caemos de culo (como siempre) con las medidas de mi hija. otra vez por encima de la media en peso y altura. mi esposo se ríe, la familia apuesta, el doctor que me despide casi desde los 4 meses diciendo "no te preocupes después vas a ver que se normaliza al año" (me estás diciendo que es anormal?, pienso)
y yo que me voy pensando en el legado que le dejo. en lo choto que es calzar 41 y no conseguir zapatos. en esa época de la vida en que¨"todos" los hombres son más petisos y te tenés que hacer la simpática para que no se den cuenta que "nadie te saca a bailar" y en lo desagradable que te digan casi todos los días " y claro es que vos sos grandota".
me alivio enseguida y caigo en la cuenta que las cosas cambiaron, que ahora hay más zapatos (gracias extranjeros por venir, mujerotas alemanas que calzan como yo y que entonces sí mejor hacer números grandes aunque salgan una fortuna), que la verdad tan mal no me ha ido con los hombres y bastante he disfrutado en la vida como para olvidarme de los planchazos que me pegaba en el boliche a los 15. que si algo me dio la altura fue jugar al voley durante taaaantos años, viajar mucho, conocer tanta gente y vivir en el club (que lindo algún día debería explayarme en este tema) y que después de todo, no fue tan grave y lo que en la adolescencia fue algo cercano a un "trauma" después se transformó en lo más maravilloso que tenía y si habré robado seleccionados gracias a mis centímetros.
pero eso no fue nada, porque todos estos pensamientos fueron en el taxi de vuelta- lo realmente conmocionante fue entrar al chino y no comprar leche de bebé, "porque ya podes empezar a darle leche entera".
cómo que ya no más leche de bebé hijo de puta? me estás diciendo que éste bebito que tengo upa que me está quebrando la espalda, ya casi no es más un bebé?
esa sí te la regalo. lo otro es pura papa.